El cacao es una industria que tiene casi 300.000 menores
esclavizados. Más de 12000 niños trabajan en una industria que crece un 13%
anual y genera 100000 millones de euros de beneficio.
Además, el cacao se embolsa entre el 3% y 6% del precio
final del producto pero los ingresos están diez veces por debajo del nivel de
pobreza extrema.
Se ha investigado que África produce 73% de cacao pero solo
consume el 3%. Para Javier Jiménez, asesor de la Cooperación Internacional para
el Desarrollo, «muchos hábitos de consumo
cambiarían» si los ciudadanos conocieran «la cara desagradable» del producto más vendido después del azúcar y
el café.
Por todo esto, el chocolate fue el protagonista del Día
Mundial del Comercio Justo, con el lema «Bueno para quien lo produce; bueno
para quien lo consume; bueno para cambiar el mundo».
Andrés Ramos, vicepresidente de la ONCE, entidad que dedicó
su cupón al Día Mundial del Comercio Justo y así la Loterías y Apuestas del
Estado (LAE) hicieron que seis millones de personas llevaran el lema del
comercio justo «en el bolsillo».
Por último, nos explican que los productos de comercio justo
se encuentran en Internet, eco-tiendas o supermercados, aunque a comparación del
resto Europa se sitúa ocho veces por debajo las ventas.
http://www.abc.es/sociedad/20140506/abci-chocolate-esclavitud-ninos-201405061632.html
De esta noticia, lo que más me impacta es la gran cantidad de niños que hoy en día siguen esclavizados con tal de enriquecer a los demás, ya que ellos sacan el mínimo beneficio de su trabajo. Por eso estoy totalmente de acuerdo con los productos de Comercio Justo, porque eliminan a esos intermediarios que lo que hacen es quitarles beneficios a los que realmente se lo merecen por el duro trabajo que hacen cada día, tanto personas mayores como menores.
Veo muy buena idea la de haber puesto el lema del comercio justo en el cupón de lotería, así aunque parezca una tontería, la gente se ha podido acordar de que existen estos productos, que no cuesta nada de vez en cuando pensar en las desgracias de los países periféricos, que gracias a ellos tenemos muchos productos que son esenciales en nuestras vidas.
Sea como sea, hay que acabar con la esclavitud de menores, igual que en Europa es impensable, en los países subdesarrollados también tendría que serlo.